viernes, 23 de marzo de 2012

MAQUIAVELO

Granes Pensadores

VI


 Nicolás Maquiavelo 


Nació en 1469 y murió en 1527 en Florencia, Secretario de Gobierno "Dei Dieci" de la República Florentina, embajador en Italia, Francia y Alemania; Consejero de León X; encarcelado y torturado por sus enemigos, termino sus días en el ostrantismo, en desoladora pobreza. Escritor de Cultura Universal y primoroso estilo, inmenso talento político que legó a la posteridad las páginas estremecidas y deslumbrantes de "El Príncipe", escribió además: "Discursos sobre las décadas de Tito Livio", "La Mandrágora", "Anales de Italia", "Felfegor" (novela).  


   Fue considerado en su tiempo y mucho después como un cínico e inmoral coya doctrina invita a los tiranos a prescindir de toda consideración ética, más que un cínico fue un secular.
El buscaba en el pensamiento y en la acción política una base realista a los hechos de la conducta humana, más que en las escrituras o en principios morales apriorísticos.
 En su obra "EL PRINCIPE"  siendo lo bastante fuerte para romper los ligámenes del pensamiento universal de su época, no fue bastante eficaz para encontrar en su mente un nuevo sistema de principios positivos.
El Príncipe es una selección de opiniones abiertas para una finalidad determinada, las cualidades de Maquiavelo, por las cuales se le reconoce son: La indiferencia por el uso de los medios inmorales para fines políticos y la creencia en que el gobierno se basa en gran parte en la fuerza y la astucia; lo que no aparece en "El Príncipe" es su autentico entusiasmo por el gobierno popular del tipo que es ejemplo la República Romana.

Los escritos políticos de Maquiavelo pertenecen más bien a la literatura diplomática de la que hay abundantes muestras debidas a los escritos italianos de la época, que a la Teoría política.

Una filosofía que atribuye principalmente los éxitos y fracasos de la política a la astucia o la ineptitud de los estadistas tiene que ser forzosamente superficial, Maquiavelo concebía los factores morales, religiosos y económicos de la sociedad como fuerzas que un político inteligente puede utilizar, en provecho del estado o incluso crear el interés del Estado, y eso no solo invierte por completo un orden normal de valores, sino que invierte también el orden usual de la eficacia causal.


   En todo caso, es indudable que Maquiavelo no representa en absoluto el estado del pensamiento europeo a comienzos del siglo XVI, salvo en un puñado de italianos desilusionados.

  De sus obras muchas veces comentadas, subidas a las cumbres del elogio, hundidas en la más negra condenación, presentaremos algunos fragmentos en que relampaguea el genio del político sutil y del profundo estadista.

ALTIVEZ.- Los pueblos libres teniendo pasiones: la de engrandecerse y la de conservar su libertad.


PERSECUSIONES.- Perjudica mucho a un estado reavivar de continuo las pasiones entre los ciudadanos persiguiendo a unos y otros, es dañino  para una República o un príncipe tener, por continuos procesos y castigos sobresaltados y temerosos los ánimos de los súbditos. No puede haber cosa peor sin duda alguna, porque los hombres que viven inciertos de su seguridad personal procura por cualquier medio liberarse de este peligro; y al efecto, se aumenta su audacia y atrevimiento contra el orden de cosas establecidas. Es pues, indispensable no hacer daño a nadie o hacerlo de una vez y después tranquilizar los ánimos con medidas que les infunden confianza.

CLEMENCIA y CRUELDAD.- Todos los príncipes deben sesear reputación de clementes y no de crueles, pero sin hacer mal uso de la clemencia, tenía César Borgia fama de cruel, pero su crueldad dio a Roma, unidad, paz, y buen gobierno, de modo que, pensándolo bien, resultó mucho más clemente que el pueblo Florentino cuando por no parecer cruel, dejo destruir a Pistoya.

   Preguntándose con este motivo "si es mejor ser amado que temido, o temido que amado" y se responde: que es mejor hacer ambas cosas, pero que siendo difícil que estén juntas, es mucho mas seguro ser temido que amado, en el caso de que falte uno de los 2 efectos; Porque de los hombres puede decirse que son generalmente ingratos, volubles, dados al fingimiento aficionados a esquivar los peligros y codiciosos de ganancias. Mientras les favoreces son completamente tuyos y te ofrecen su sangre, sus haciendas, su vida y hasta sus hijos, siempre que el peligro de que sean aceptadas sus ofertas esté lejano, pero si éste se acerca se sublevan ante ti.

El príncipe que confía únicamente en sus promesas y no cuenta con otros medios de defensa está perdido, pues las amistades que se adquieren por precio y no por la nobleza del alma subsisten hasta que los contratiempos de la fortuna los ponen a prueba, caso con el que no se puede contar con ellas. Los hombres temen menos a ofender a quien se hace amar que al que inspira temor, porque la amistad es solo un lazo moral, lazo que por ser los hombres malos rompen muchas ocasiones, dando preferencia a sus intereses: pero el temor lo mantiene el miedo a un castigo que se quiere evitar constantemente.

   Debe sin embargo, el príncipe hacerse temer, de modo que el miedo no excluya al efecto y engendre el odio, porque cabe perfectamente se temido y no odiado. Así sucederá siempre que respete sus bienes y honra de las mujeres de sus conciudadanos y súbditos. Si necesita derramar sangre de alguno, debe hacerlo con la justificación conveniente y por causa manifiesta. Sobre todo abstenerse de quedarse con los bienes, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.

FINGIMIENTO.- Todo mundo sabe cuán laudable es que el príncipe prefiera la lealtad a la falacia, sin embargo la experiencia de nuestros tiempos prueba que los príncipes  a quienes se ha visto hacer grandes cosas tuvieron poco en la cuenta de la fe jurada, procurando atentamente engañar a los hombres  y consiguiendo al fin dominar en quienes confían en su lealtad.

   No debe pues, un príncipe ser fiel a su promesa cuando esa fidelidad le perjudica y han desaparecido las causas que le hicieron prometerla, si todos los hombres fueran buenos no lo sería este precepto; pero como son malos y no serán leales contigo, tú tampoco debes serlo con ellos; Jamás faltaran a un príncipe argumentos para disculpar el incumplimiento de sus promesas. Pero es indispensable disfrazar bien las cosas y ser maestros en fingimiento, aunque los hombres son tan cándidos y sumisos a las necesidades del momento, que quien engañe encontrará siempre quien se deje engañar.

MINISTROS.-Lo que principalmente sirve para formar juicio del príncipe y de entendimiento es ver que hombres se rodea, y cuando son capaces y fieles se le tiene por sabio, porque  supo escogerlos y sabe mantener su fidelidad. Si son de otra manera, el juicio que se forme del príncipe no lo favorecerá.
   Hay un medio infalible para que el príncipe conozca a su ministro, cuando le veas pensar más en si mismo que en tí y que en todos sus actos procura su utilidad, no es buen ministro ni puede fiarse de él porque quien tiene en sus manos la gobernación de un estado, jamás debe pensar en sí, sino en el príncipe, ni recordar a éste lo que no es propio de su rango.

PUEBLO.- La multitud es audaz muchas veces en las palabras contra las decisiones del príncipe; pero cuando amenaza el castigo, por desconfiar uno de otro todos se apresuran en obedecer. Así pues, no se debe hacer gran caso de la disposición favorable o contraria del pueblo siempre que se haya tomado las medidas necesarias para alentarle si está bien dispuesto. Pero entiéndase bien que éste se refiere a los casos en que la indignación popular  no proceda de la pérdida de libertad, o de un príncipe amado y que aún  viva, porque entonces es formidable y exige grandes medios para refrendarla.
   No sin razón se compara la voz del pueblo con la de Dios, porque los pronósticos de la opinión pública son a veces tan maravillosos, que parece dotada de una virtud oculta para prever sus males y sus bienes.

AFORISMOS.- Se ve muchas veces su humildad, en vez de aprovechar perjudicar, sobre todo si se emplea con hombres insolentes que los odien por envidia o por cualquier otra cosa. La lentitud en las determinaciones procede o de flaqueza de ánimo, o de falta de fuerza, o de perfidia en los encargos de tomarlas, quienes por deseo de arruinar las determinaciones, las estorban y entretienen de mil modos.

La finalidad de la política es conservar y aumentar el poder político, y el patrón para juzgarla en su éxito en la consecución de ese propósito; que una política sea cruel o desleal o injusta es para Maquiavelo indiferente, aunque se da perfecta cuenta de que tales cualidades pueden influir en su éxito. Trata con frecuencia de las ventajas que la inmoralidad hábilmente utilizada puede proporcionar a los fines de un gobernante; pero la mayor parte de su obra no es tanto inmoral cuanto amoral. Se limita a abstraer la política de otra consideración y escribe acerca de ella como fuera un fin en sí.

Maquiavelo afirma que la naturaleza humana es siempre y en todas partes la misma, y por esta razón tomaba ejemplos donde los encontraba. Su método es la observación guiada por la astucia y el sentido común.

Decía acerca de la política, que estaba el supuesto de que la naturaleza es esencialmente egoísta, el deseo de seguridad de las masas y el deseo de poder de los gobernantes so de ese carácter. Por corrupción general entendía, aquella decadencia de la virtud privada, por la probidad cívica, que hace imposible el gobierno popular. Comprende todas las formas de licencia y violencia, grandes desigualdades de riqueza y poder, la destrucción de la paz y la justicia, el desarrollo de la ambición desordenada; la  desunión, la ilegalidad, la deshonestidad y el desprecio por la religión.

   Maquiavelo no consideraba en la organización política, sino en la constitución moral o social del pueblo, que a su juicio derivaba de la Ley y de la sabiduría y previsión del legislador. Prácticamente no hay límites a lo que es un estadista puede hacer, siempre que comprenda las reglas de su arte puede rasgar de arriba a abajo los viejos estados y construir otros nuevos; cambiar las formas de gobierno, trasplantar las poblaciones y  edificios, nuevas virtudes  en las almas de sus súbditos. El legislador es el arquitecto, no sólo del estado, sino también de la sociedad con todas sus instituciones morales, religiosas y económicas.

   Aprobó abiertamente el uso de la crueldad, la perfidia, el asesinato por cualquiera de los medios, con tal de que fuesen utilizados con suficiencia y secreto para poder alcanzar sus fines. La violencia despótica es una fuerte medicina política necesaria en todos los estados, pero es un veneno que se precisa emplear con la máxima precaución.

NACIONALISMO.- En su obra "El Príncipe" insiste en la idea del Nacionalismo y abriendo perspectivas ilimitadas al poder secular, vino a ser el manual secreto de los monarcas ambiciosos que se lanzaron a construir fuertes estados nacionales sobre las ruinas del imperio universal y de la iglesia universal, pero el reino de la teoría de la política, pasará mucho tiempo antes de que se encuentre un eco importante.
   El sentimiento que mitiga el cinismo de sus opiniones políticas, era: El patriotismo nacional y el deseo de unificación de Italia y de liberar a ésta de los desordenes internos de los invasores extranjeros; afirmaba con absoluta franqueza que el deber con la patria supera todos los demás deberes y a todos los escrúpulos.

PENETRACIÓN DE SU PENSAMIENTO:
El carácter de Maquiavelo y el verdadero significado de su filosofía ha sido uno de los enigmas de la historia moderna. Se le ha presentado como un cínico total, un patriota apasionado, un nacionalista ardiente, un jesuita político, un demócrata convencido y un adulador carente de escrúpulos que buscan el favor de los déspotas.

Probablemente hay algo de verdad en todas y cada una de esas opiniones, por incompatibles que sean; pero lo que no es cierto, en modo alguno es que ninguna de ellas dé una visión completa de Maquiavelo, ni de sus pensamiento. Este era el de un verdadero empirista, resultado de una verdadera observación política y una lectura de historia política todavía mayor.

Maquiavelo no escribe nada, ni piensa acerca de nada que no sea política, más que ningún otros político, fue el creador del significado que ese ha atribuido el estado de pensamiento político moderno. Aún la propia palabra (estado), empleada para designar el cuerpo político  soberano, parece haberse difundido en los idiomas modernos en gran parte debido a sus escritos. Sobre el estado recayeron en grado cada vez mayor el Derecho y la obligación de regular y controlar a todas las demás instituciones sociales y de dirigirlas siguiendo líneas trazadas francamente en interés del estado. El papel que el estado así concebido ha desempeñado en la política moderna es un índice de la claridad con que percibió la tendencia de la evolución política.

Sin embargo, sería difícil decir si la intensa claridad que su genio arrojo sobre el arte político de los déspotas
 y de los estados nacionales que le siguieron, no ocultó tanto como lo puso de manifiesto.

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